HISTORIA DE LOS LENGUAJES DOCUMENTALES
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL CONCEPTO "LENGUAJE DOCUMENTAL" Como señala Mª José López-Huertas los orígenes del concepto moderno de lenguaje documental hay que buscarlos a finales del siglo XIX en las aportaciones de Charles Ami Cutter y Melvin Dewey, entre otros. No obstante, estas corrientes modernas de pensamiento fueron la culminación de un proceso emprendido tiempo atrás. La actividad latente del concepto moderno de lenguaje documental puede considerarse tan antigua como la primera biblioteca, y se desarrolla cuando el número de volúmenes en ella depositados es tan elevado que se hace imprescindible organizarlos para permitir su localización en el momento oportuno. López-Huertas establece tres etapas en la evolución de nuestro concepto. Período embrionario Se extiende desde la Edad Antigua hasta el siglo XVI aproximadamente y el único antecedente conceptual que reconocemos son las clasificaciones, a menudo improvisadas y sin pretender serlo, que encontramos bien en los catálogos de las bibliotecas hechos por bibliotecarios, donde los fondos bibliográficos se presentan agrupados por afinidades temáticas, o bien en las clasificaciones encontradas en las bibliografías. De ambas actividades han quedado numerosos testimonios. En China , una de las primeras clasificaciones bibliográficas data del siglo I a.C. y se atribuye a un discípulo de Confucio, quien ideó un sistema de clasificación basado en siete divisiones principales, que estaría vigente hasta el siglo III d.C. Posteriormente, se impondría una clasificación basasa en cuatro grandes grupos, que gozó de gran influencia, y fue adoptada por las bibliografías oficiales. Un hecho destacable, aunque no exclusivo de China ni de este período sino que sigue dándose en la actualidad, es que bibliografías y clasificación han estado estrechamente unidas desde sus comienzos, atribuyéndose la primera de ellas al mismo Confucio en el siglo VI a.C. En el mundo occidental, uno de los primeros intentos de clasificación bibliográfica se atribuye a Calímaco (260-240 a.C.), bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría, que elaboró un catálogo clasificado de los fondos de la biblioteca. Durante la Edad Media surgen catálogos clasificados en diferentes bibliotecas monásticas. De finales del siglo XIII es el catálogo del monasterio de los Hermanos Menores de Italia, que presenta un esquema clasificado dividido en quince clases. Otros ejemplos son los del monasterio cartujo de Aggsbach en, Austria y el del monasterio de Melk, ambos del siglo XV. Este último poseía tres índices: una lista de autores, otra temática y otra de obras anónimas por palabras claves. Asimismo los monasterios de Rebdorf y el de Egidio de Nurenberg, de finales del siglo XV, poseían incipientes catálogos diccionarios para acceder a sus fondos. A partir del siglo XV se produce un salto cualitativo importante en la concepción y desarrollo de las clasificaciones bibliográficas que, a partir de ahora, se dividen en dos clases: las que se basan en fundamentos metafísicos y las que siguen un criterio esencialmente pragmático, elaboradas sin referencia alguna a un orden ideal del conocimiento sino dirigidas al ordenamiento práctico de los libros. Estas tendencias van a continuar hasta el siglo XX, donde encontramos clasificaciones que se rigen por principios prácticos, como la de la Biblioteca del Congreso de Washington (LCC) y las que se basan en criterios predominantemente teóricos, filosóficos o disciplinares, como la CDU. Primera en el tiempo -finales del siglo XV- fue la pragmática, representada por Aldo Manucio, que inaugura la corriente conocida como el sistema francés, y que continuarán Naudé y Garnier en el siglo XVII. La clasificación metafísica tiene su origen hacia el 1550 y está representada por la contribución de Gesner recogida en su obra Bibliotheca Universalis, concretamente en los Pandectas. Aquí nos presenta una clasificación jerárquica del conocimiento ideada para agrupar las entradas bibliográficas temáticamente. Período precientífico Con la llegada del siglo XVII, empiezan a producirse intentos más serios, aunque aislados, de aproximación al concepto moderno. Este cambio viene promovido por las corrientes de pensamiento imperantes en Europa que ven la necesidad de encontrar un sistema de clasificación para organizar las ciencias en rápido desarrollo. Aportaciones interesantes de esta etapa son las realizadas por Seth Ward, Comenius, Kinner, Wilkins y Baillet. Cyprian Kinner empezó sus trabajos ideando una clasificación taxonómica de botánica para acabar desarrollando un sistema de signos simbolizados por medio de un juego de consonantes y vocales. Estas notaciones eran expresivas del esquema clasificatorio y estaban dotadas de indiscutibles cualidades nemotécnicas, lo que supuso un gran avance en la teoría de la clasificación al adelantarse en más de un siglo a la formulación de postulados que tendrían su desarrollo completo a finales del siglo XIX. John Wilkins continuó la labor iniciada por Kinner. De su trabajo hay que resaltar la importancia de haber puesto en evidencia la necesidad de un catálogo diccionario como medio de acceso del usuario al lenguaje de la clasificación, concebido aquél como un índice a la clasificación. También destacó la importancia del control de sinónimos, homónimos y antónimos. Está considerado por ello como uno de los precursores del tesauro moderno. Otra de las contribuciones destacadas es la realizada por Adrien Baillet, considerado como precursor de las teorías de Cutter, por ser uno de los primeros en formular los principios de los encabezamientos de materia. Sus postulados están recogidos en la introducción al catálogo que hizo de la biblioteca del jurista francés Lamoignon. Las reglas estaban pensadas para un catálogo con múltiples entradas, donde se incluían referencias de equivalencia y los requisitos necesarios para lograr una entrada uniforme. Durante el siglo XVIII continuaron las tendencias iniciadas en los dos siglos anteriores. Continuaron proliferando las clasificaciones como instrumento y base de organización del trabajo bibliográfico, y los catálogos de bibliotecas clasificados.
Período científico Con el siglo XIX comienza una nueva e importante etapa en la evolución histórica del concepto lenguaje documental. Hasta ahora, la actividad precursora de nuestro concepto había estado subordinada a otros intereses, como el de ordenar una bibliografía, unos libros en los catálogos de una biblioteca o, a veces, agrupar temáticamente el contenido de una obra individual. A partir de este momento, ese concepto latente se independiza y propicia el nacimiento de las primeras teorías que pondrán las bases del concepto moderno de lenguaje documental, que se consolidará en el siglo XX. De principios de siglo es Andrea Crestadoro, reconocido como el introductor de la idea de que el catalogador debía ofrecer al público una guía normalizada del contenido temático de los libros, dándole un encabezamiento apropiado y reconocible por el usuario. Es considerado un precursor inminente de los encabezamientos de materia y de los modernos índices Kwic. No obstante, las clasificaciones aparecidas en las bibliografías y en los catálogos temáticos de bibliotecas siguen produciéndose en esta centuria. El primer movimiento culmina con la obra del francés Brunet en su Manuel du Libraire, una bibliografía publicada por primera vez en 1804. La clasificación bibliográfica incluida está desarrollada en el último de sus volúmenes, que es el índice temático de la obra. Esta clasificación tuvo una gran acogida en el mundo bibliotecario.La Biblioteca Nacional de París se basó en Brunet para su organización. Asimismo, este sistema influyó en la clasificación del Museo Británico. Actualmente es seguido por algunas bibliotecas. El movimiento innovador surge en Estados Unidos en la segunda mitad del siglo, apareciendo una importante corriente de pensamiento que dará origen a las primeras obras teóricas sobre lenguajes documentales en su sentido moderno. Según Rolling el cambio es importante porque se pasa de la clasificación de cosas y de conceptos a la clasificación de documentos que describen o mencionan las cosas y los conceptos, y se elaboran los primeros sistemas de clasificación universal. Los sistemas de clasificación se convertirán en lenguajes documentales en sentido moderno. Consecuencia de esa incesante actividad fue la publicación en 1876 de dos obras que marcarían un hito en la teoría del acceso temático a la información: la Clasificación Decimal de Melvin Dewey y las Reglas para un Catálogo Diccionario de Charles Ami Cutter. Cada una de ellas se convertirá en el exponente de un tipo diferente de lenguaje documental- clasificaciones y listas de encabezamientos de materia respectivamente-, los únicos que se conocerán hasta bien entrado el siglo XX. El esquema de la clasificación decimal va a responder a las características de lenguaje precoordinado, de estructura jerárquica y vocabulario controlado, compartidas por la gran mayoría de las clasificaciones bibliográficas modernas. La clasificación de Dewey ha sido y es muy utilizado en bibliotecas de todo el mundo y además dio origen en un futuro muy cercano a la Clasificación Decimal Universal (C.D.U.) A finales del siglo XIX surge otra clasificación que también tendría aceptación: La Clasificación de la Biblioteca del Congreso (LCC) que con el tiempo ganaría terreno a la de Dewey, sobre todo en Estados Unidos. Las teorías de Charles Ami Cutter expuso en su obra siguen teniendo vigencia hoy día, sobre todo las que dieron origen a los Encabezamientos de Materia, caracterizados por la precoordinación, la estructura asociativa y el control de su vocabulario, regido todo por el criterio de la especificidad. Cutter introduce una clase de lenguaje documental basado en unos principios inéditos hasta entonces y completamente distintos de los que inspiran las clasificaciones: el principio de especificidad y el de entrada directa son los dos pilares constituyentes del nuevo sistema que rompen con el esquema arbóreo de las clasificaciones bibliográficas y representan un paso de aproximación al usuario de los sistemas de información. Las ideas de Cutter se introdujeron rápidamente en Europa de la mano del italiano Fumagalli quien, en 1887, publica una obra reflejo de la de Cutter con el título de Cataloghi di Biblioteche e Indici Bibliographici. La trascendencia de las teorías de Cutter sobrepasarán todas las previsiones iniciales, porque los encabezamientos de materia pueden considerarse como los precursores más inmediatos de un nuevo tipo de lenguaje documental que aparecerá la siguiente centuria: el tesauro. Durante la primera mitad del siglo XX, se afianzan las teorías iniciadas en las últimas décadas del siglo XIX. Se observa un florecimiento de nuevos sistemas de clasificación bibliográfica, nuevos encabezamientos de materia, y entran en escena los lenguajes documentales especializados, al mismo tiempo que el centro de actividad creadora se desplaza a Europa, en concreto Inglaterra ocupará un lugar destacado. Numerosas son las clasificaciones que ven la luz durante este período: la de H.E.Bliss (Inglaterra), la C.D.U. (Bélgica) y la de Brown (Inglaterra), entre otras. Mención especial merece la clasificación de Ranganathan (India), por romper con el esquema de las clasificaciones enumerativas, imperante hasta entonces, y por introducir el concepto de las facetas que tendría repercusión posterior, en concreto fue inspiradora del tesauro facetado. Se publican también nuevos encabezamientos de materia: los de la Biblioteca del Cogreso de Washington (LCC), que influirá en otras listas, sobre todo en las italianas y sudamericanas, y los de M.E.Sears, de gran difusión en toda América. Después de la Segunda Guerra Mundial, se produjo un rápido aumento de las publicaciones científicas y técnicas y, en poco tiempo, los sistemas tradicionales utilizados para el tratamiento y recuperación de la información, en su mayoría enciclopédicos, empezarona dar muestras de ineficacia para el tratamiento de publicaciones en centros especializados. Las presiones ejercidas por esta nueva situación hizo que se buscaran formas alternativas de expresión en la lingüística documental. Este hecho condujo a la creación de un nuevo lenguaje: el tesauro. Varios son los nombres que están implicados en el proceso de la formación conceptual del tesauro: P.M.Roget con su Thesaurus of English Words and Phrases de 1852, tesauro lingüístico pero citado como el ejemplo más cercano al documental, junto con Mooers, Taube, y Costello y Wall, auténticos artífices del nuevo lenguaje. El tesauro, que es un lenguaje postcoordinado de estructura combinatoria, vocabulario controlado y especializado por naturaleza, no nació, en cambio, unido a la idea de postcoordinación. En sus inicios, tuvo muchas concomitancias con los encabezamientos de materia. Lo que realmente hizo que el tesauro fuera un nuevo lenguaje lo propició su coincidencia en el tiempo con la teoría de la coordinación de conceptos y el recién creado sistema de unitérminos ideados por Mortimer Taube en 1952. La consolidación del tesauro estuvo estrechamente relacionada con el desarrollo tecnológico y la aparición de los ordenadores, que estuvieron ligados al concepto desde sus orígenes. Mientras en Norteamérica e Inglaterra se fragua el tesauro, otros países, en cambio, veían surgir nuevos sistemas de clasificación generales y especializados, y nuevas listas de encabezamientos de materias. En lengua española se pueden citar, las de Carmen Rovira y Jorge Aguayo (Cuba), la preparada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas español en 1965, la publicada por el Ministerio de Cultura en 1986. Además otros autores españoles como Méndez Albarrán con su Clasificación Decimal (1932), Javier Lasso de la Vega con su obra Clasificación Decimal (1942), donde explica el sistema y hace una historia de las clasificaciones y María Luisa Poves con su Catálogo Diccionario (1970), fueron, entre otros, introductores del concepto de lenguaje documental en España. El tesauro fue perfeccionándose con el paso del tiempo hasta llegar a ser una precisa herramienta de control terminológico. Los estudios de semántica y sintaxis documentales, hasta ahora incipientes, alcanzan un elevado nivel de desarrollo permitiendo al tesauro llegar a un alto grado de elaboración. La especial importancia concedida a la sintaxis llevó a la creación de lenguajes muy elaborados, de estructura sintáctica, como fue el Syntol (Syntagmatic Organization Language) a finales de los años sesenta. De mediados de los años setenta es el PRECIS (Preserved Context Index System) ideado por Derek Austin, lenguaje articulado de encabezamientos de materia que tuvo muy buena acogida. La gran euforia con que fue acogido el tesauro se convertiría en cierto desencanto ante la gran proliferación y tipología que alcanzaron, lo que implicó que se fueran levantando auténticas barreras lingüísticas documentales que dificultan la transmisión rápida de la información entre los centros. Actualmente, existe una tendencia a buscar el equilibrio perdido ante tan excesiva especialización y tipología lingüística documental y se observa una vuelta a los lenguajes documentales más generales. Quizá como consecuencia del efecto aislante que produjo el tesauro surge la idea de un nuevo lenguaje: son los llamados lenguajes de conexión o lenguajes puente, pensados para actuar como auténticos traductores documentales que hacen posible la comunicación entre lenguajes documentales diferentes integrados en un sistema de información. Este fue el caso del B.S.O. (Broad System of Ordering), lenguaje patrocinado por la Unesco que no ha tenido aceptación. Esta vuelta a la universalidad no implica en absoluto un regreso a la rigidez estructural de los lenguajes jerárquicos, sino una vuelta al enciclopedismo temático, aunque éste sea restringido, con otra proyección estructural. E. Scibordice que los sistemas de clasificación general perdurarán "porque su desarrollo estará estrechamente relacionado con la creación y desarrollo de grandes sitemas de información regionales, nacionales o mundiales. |