head> 8meta http-åQ5iv="Koîteod¥Type" content-"text¯htmm; charc%t}iso-(859-1"> meta name="Generator# #ontån|="Microso&4 Word!97":  aNA OG&Kaaute£AS DAW@NAANAS: I DEJOS Y¯Ï METÁFORAS</ti4le> </`ead *8bodù!liîk="c1000FF v,ink?"80008p"~ <center><a NA]E=[331]"></a><b>z73±]/b>Œ <p><c><fnt 3i{e=+1>AFALOF&aacWtE;IS(DARWIIANAS:0MOEElO[ Y/O!METÁ+NORAS</æoft>4/f <p6b:Juan Rámón &Qacute;lva2ez</b> 4br><`>U^ifeâsidaf de Lu&oacut%;n,.b> ,bb~<` lref=*mcilto:dfcjab@qnil!on.es">dfãjab@uníleon.es8/!><oCdnter> *<a hrm="maildodfcj`b@ujileoj.es></a 4p>Puflicado en  MOR@,�M.[n %|�al.((2000): <i¾Actas del III C~gruSm de la ociede` le L&oacuDe;gica Medodolog&iacqte;a y Filosofi`cupe:a de la Ciejcia|/i>, an Se`asti&aacqtd;n: Univerridad del Pa&iacst%;s Vasco, 35-341* Se reppodu#e añu&éac5ve; con la debida Autopmza#ión de los editobes.<f~</b> <p><b>1. Introducci$oacute;n</b> <p>&.bsp: &nâsp; La existencic De mgtáforas orientadoras, cmn valor!heuR&iccute;stic/ en da cielcia, es 5n0hech. Hay que agradåceb a los (istoriadores dm la ciencia, sobre todo a dos historiadores cultuvadew, que hayan deStacado este hecho å. su deôalle casu&iacwte;st)co. <br> 'nbsp;&nbsr; Esta 0onenCia se propone utilizav, como inustración de`sus teshs, eì caso de más pue conocidcs åxpreriones darwinianas, cuáles son "selecci&oacwte;f artificial", "lukha por la exis4enciq" "sepervivefcia fe0los máq cptos" como cucedáneos konvenientes De "selecci&oacUte:n *natural —la gran met&cqcute?fora darwiniana seg&wacute;n Yung 81985,1993)—Mpara insertazlas!en el marco de procedimientos analógicos, en cuyo /rioen se!hallan dichas metáforas, peco en cuyo destino se coîtemplan de"forma(oeneral los sistemas y procesos caracter&i!cute;rticos del conjunto $e Referencia0ee li teor&iacete;a. <br6  nbsp; Una!h}ctura cuidadosa de <i>El oriGgn dd las especies </i>(OE) puede suministrqz ejemtlo para la tesxs general d% que pueden0dis|inguarse fos sit}aciones en las cuales las metáfïras de{empeñan papeles diferentes. <p><b>2. El model/¤(analoeía) då la selección artificial</b> <p> &nrSp;&nb3p; Ån Davwi~ <i.selección natural</i> se opone tanto a "sdlección" (creaci&oacudE;l) sofrejatural como a selecckón =i>artiféciad<-i>. Por lo que toKa a esta segunda oposiãión, m{ necmsario aclarar su funci&nabute;n epiótemológica. Ng es una mera0oposici&oacuta;n exãltyente, pEro tampoco es una "proyecci&oacuve;n" ajtropomórfica de!las acciones temeológicAs en los mecanismos causales, n{`una simp,e metáfora afoztunada. La qeLección artificial puede haberle sugerido a Davwin la idea de seleccyón natu2al, como él mismo confesaba un una carta a Wallace de 1(u8, un áño antes de publicar <k>El origen de las especies</i>: "Llegué a la conclusión de que0la selecci&oasute;n era el principio del gambio a partir del estudio de las producciones domésticas» y después, leyendo a Malthus, vi enseguida cómo aplicar este psincipio" (citado por Limoges (19w0), 84). Pero la validez del princIpio deqende du coNeximnes obêetivas que rebasan la sugerencia metafóréca<font size=-2~.</font> <br> &n"sp;  Darwin utilizó cooo modelo de la selección naôural (SN) la selecci&oicute;n artificial (SA), en la medida en que los procesos (realmente procedimientos, acciones humanas) `e selecci&oacutd;n artivicial obeducen a mecánismos subyakentes, para él desconocidos, que gobiernan ambos tipos de procesos. Loc procedimientos de la SA condrolan desde fuera, <i>canalizan</a>,"mecanismos en cuyo funcionaméento interno no intervienen (Cf. Sanmart&iacutg;n, 1987, 87 y ss.). Como actuación externa, dades las variacioneS por la NaturA,eza, ha de entenderse ,a selección artificial darwiniana. "El hombre apenas puede seleccionar, o solamente con mucha dificultad, alguna <i>desviación</i> de estructura, excepto las que son <i>externamdnte</i> visibles; y en verdid raras veces se preocupa por lo que está <i>interno</i>. Junca puede actuar mediante selección, excepto <b>[332]</b> con variaciones que primero le son dadas( en cierto grado por la natur!leza." (OE, 82, cursivas mías) <br>La analog&iacete;a darwiniana tiene la forma <Center> <p>SA : SN :: Mec(SA): Mec(SN).</cgnter> <p>   3 Pero la igualdad Mec(SN) = Mec(SA) y la eenor extensión de SA, como subconjufto propio de SN (SA <font face="Symbml">Ì</font> SN), establece un ho}omorfismo (una inyecbión que conserva la estructura) de SA en SN. Aquí hay que señalar que en el contexto dm descubrimiento se va de SA a SN: SA es el particular dado y SN el universal abducido, a tartir Del cual se recupera, en el contexto de justificación, la SA como tal particular. Esto también conduCe a una ampliación de la ontología de lïs "agentes selectivos", que ha llevado a innumerables- pol&eqcute;micas posteriores<font wize=-2>.</font> <br>  $nbrp; A este reópecto dejan pocas dudas mas palabras del propio Darwin en el cap6iacute;tulo XV ("Recapitulación y(conclusiones") de OE, 460-71: <dir> <dir>[.,.]�En estado doméstico vemos mucha variabilédad producida, o por lo me/nos<i> estimulada</i>, por�ml cambko de condiciones de vida; pero con frecuencia de una manera tan oscura que estamos tentados a considerar las variaciones como <i>espontáneas</i>. La variabilid!d está regida por muchas leyas complejas [...] LA variabilidad no es producida realmente por el hombre; <i>el hgmbre tan s&oabute;lo expone, y sin!intenc)&oacutå;n, los seres orgánicos a nuevas condiciones de vida, y lqego la naturaleza obra sob2e la organiZaci&/acute;n y ,A èace variar</i>. Pero el hombre pqede seleccionar, y sehecciona, las 6ariaciones que le presenta l` oatur`leza$ y l!s ccumula así dE"la m`nera deseada. A3í+ el hoMbre`adapta a los0ajimales y plantas a su proqio beneficio o gusto. <i>Puede hacer esto metódicamente, o puEde xacerlo inconscientemenôe</i>, conservando a los i,dividuos quu le son`más útiles o agradables, <i>sin intenci&oacuve;n<oi> de modi&icar las castas. [...] Este proceso ancmNsciente de�selección ha sidm el Agente principal en la formación du las r`zas Dom&eacuue;sticaz má{s distint!s y &uacutg;tiles./ <p><i>No hay mmtivo alguno para que los`prIncépmos que hal!obra`o"tan efisazmente en estado fïmésTicm, no hayan(obrado tambi&gac5ten en estaDo!de faturaheza</i> (cursifa3 mías)/</dir> </dir.  &~bsp;  Darwon mibera�ifcduso la$SA0de(da intencionaliled e8haustiva. No todasglecci&oacttm;n artificiad es premeditada. Por tanto: .iquesv;qué liferencia�hiy entre na SA inconqciente y la SN prgpiaiente dicha? En al cap&iacupe;tulo I de OE, 79, da primacía!a esta #lase de SA: "De hecÈo, criadores mminfnves pnr medio de wna relecci&o!cute;n met&ïakõte;fica, ,é>bon vispas a`un fin bien determilado,/i>,�tratan de obten%r un nuevo linaje o sUbòara sqpEriores a po`as las de su c|aieen su °a&iacutå9s. Mas`0ara nuestro ppopósito es más ihPkrtante una fo2ma de selecbión que puede llamarse <i6incmjsciufte</i>, y que reselta d% 1ua Aada uno proctra pïseep Y saaar Cría de los mejgres ejemðlqres" (curskvas m.iacute;as y modificaca&oAcute;n Del comienzo de la tr`ducción). La teLeol/G&iácute{a no eS coeXtensiva ny ciquieri cïn 4oda la`SA. sǵlo con una!rarte suùa, dd hecho una parTe menor. El rísiduo de tefeolog&iacqte«a no!es AnconvenIelte, porq5e afecta s&oa#ute;lo a los`estímõlks Expernos, no a los0mecanism/s subyacendes. <bb> ¦n"qp;&nbq`; Camille Lémogd3 (1970, 85), en óu�estudio histórico sobre el desarrollo darwiniano del concepto de selección natural, ha objetado con razón que "[l]a complejidad de la selección natural, su funcionamiento «ecológico», se comprende mal si la concepción darwiniana de la selección natural no es más que una «proyección» en la naturaleza de los procedimientos artificiales de la formación de razas nuevas [...]". <br>    Es claro que el propio Darwin no identifica SN y SA y no proyecta ésta sobre aquélla, sino que,<i> al revés</i>, <i>inyecta </i>la SA en la SN. SN incluye SA que no es más que el caso de SN "estimulada" por acciones (conscientes o inconscientes), puesto que los mecanismos activos son los mismos. <center> <p><b>[333]</b></center> <p><b>3. Dos caracterizaciones de la selección natural: la lucha por la existencia (<i>struggle for existence</i>) y la supervivencia de los más aptos (<i>survival of the fittest</i>)</b> <p>    Los historiadores de la ciencia han abundado sobre la procedencia de estas dos expresiones "afortunadas", por ejemplo, Young (1985), Galaty (1997), Muñoz Rubio (1998). Fue el propio Darwin quien se ocupó de señalar desde el principio estas influencias. Aquí se consideran estas expresiones no desde el punto de vista externo de la "influencias", sino desde el epistemológico, interno al planteamiento darwiniano<font size=-2>.</font> <p><b>3.1 SN<sub>1</sub>: La lucha por la existencia (OE capítulo III)</b> <p>    En su artículo "sélection naturelle" del diccionario por él dirigido (1996, vol. 3, 3933-35), ofrece Tort un esquema en diez puntos de la estructura argumentativa de OE. Los puntos 6 y 7 enfrentan una tesis general (6): la <i>capacidad natural</i> de los representantes de cualquier especie, animal o vegetal, de <i>ocupar totalmente los territorios disponibles</i>, y un hecho (7) (repetido, "casi general") que parece ir contra la tesis: la existencia <i>casi universal</i> de <i>equilibrios naturales</i> caracterizados por la <i>coexistencia, en un mismo territorio, de representantes de múltiples especies</i> Esta oposición, entre una tesis general (en un marco teórico) a la que no se puede de renunciar y hechos que no se pueden negar, plantea siempre el problema de su <i>conciliación.</i> <br>    Esto ocurre con frecuencia: baste con un ejemplo. El antropólogo francés Maurice Godelier (1967) se planteó un problema semejante. Su marco teórico era el materialismo histórico, para el cual es una tesis básica y, por tanto, irrenunciable, que en un sistema social las relaciones determinantes, en última instancia, son las relaciones de producción económica que configuran, articulando las fuerzas productivas, la infraestructura del sistema. Frente y contra esa tesis, las observaciones de la antropología de las sociedades primitivas ofrecían un panorama muy diferente: las relaciones de parentesco aparecían como determinantes. Godelier encontró que la tesis y los hechos eran conciliables en la medida en que las relaciones de parentesco eran <i>multifuncionales</i>, pues hacían también las veces de relaciones de producción. <br>    Pero el caso de Darwin, apoyado en el propio texto, presenta características especiales. Con relación al punto 6 del esquema de Tort, encontramos en Darwin la siguiente formulación: <dir> <dir>No hay ninguna excepción a la regla de que <i>todo</i> ser orgánico aumenta <i>naturalmente</i> en progresión tan elevada que <i>si no es destruido</i>, pronto estaría la Tierra cubierta por la descendencia de cada pareja." (OE, 103, cursivas mías)</dir> </dir>     Incluso si se limita la extensión desde la "la Tierra" hasta "un territorio dado", la observación muestra justamente que la morfología básica (MB), el <i>modelo</i> previsto en el principio, no se cumple, es decir, que las diferentes morfologías observadas (MO) se desvían de MB. Para <i>explicar</i> las MO, es necesario introducir las "causas" de la desviación (Cf. Álvarez, 1994). Esa conjunción de causas que permiten, en principio (de hecho, ya es otra cuestión), reconstruir las MO, es la selección natural en su versión interactiva de "lucha por la existencia". <center> <p><b><font size=+0>[334]</font></b> <p><b>MB (ocupación solitaria y total ) <font face="Symbol">¹</font> MO (coexistencia y ocupación parcial)</b></center> <dir> <center><font face="Symbol">¯</font> _______________________________________<font face="Symbol">­</font> <br><b><font size=+0>selección</font> (lucha por la existencia) natural</b></center> </dir> <p><br>    Darwin caracteriza esa conjunción de causas que permiten la "explicación" de las MO como "los obstáculos" al aumento de las poblaciones: "las causas que contrarrestan la tendencia natural de cada especie a aumentar son de lo más oscuro [...] No sabemos exactamente cuáles sean los obstáculos, ni siquiera en un solo caso." (OE, 106) <br>    Se ha señalado con razón el carácter "ecológico" del principio darwiniano de selección natural (Limoges (1970), Tort (1996)). Si como el propio Darwin reconoce, utiliza la expresión "lucha por la existencia" <dir> <dir>en un sentido amplio y metafórico, que incluye la dependencia de un ser respecto de otro, y <font face="Symbol">¾</font> lo que es más importante<font face="Symbol">¾</font> incluye no sólo la vida del individuo, sino también el éxito de dejar descendencia[...] (OE, 102),</dir> </dir> no es menos cierto que las <i>dependencias</i> (relaciones e interacciones) de unos seres respecto de otros (bióticos o abióticos) son <i>los referentes</i> literales de la "selección natural", ecológicamente entendida, cuya metáfora es la "lucha por la existencia", a saber, las interpretaciones empíricamente contrastables de la SN<sub>1, </sub>que juegan, en las explicaciones concretas y efectivas, el papel de <i>causas de la desviación</i>. <p>    La continuación de este texto citado merece lectura detallada, porque ilustra las diferentes acepciones ecológicas de "lucha". <dir> <dir>De dos animales caninos, en tiempo de escasez y de hambre, puede decirse <i>verdaderamente</i> que luchan entre sí por conseguir alimento y vivir. Pero de una planta en el límite de un desierto se dice que lucha por la vida contra la sequedad, aunque fuera <i>más propio</i> decir que <i>depende</i> de la humedad. De una planta que produce anualmente un millar de semillas, de las que, por término medio, sólo una llega a la madurez, puede decirse <i>con más exactitud</i> que lucha con las plantas de la misma clase y de otras que ya cubren el suelo. El muérdago <i>depende</i> del manzano y de algunos otros árboles; más sólo <i>en un sentido muy amplio</i>/ puede decirse que lucha con estos árboles, pues si creciesen demasiados parásitos en el mismo árbol, éste se extenúa y muere; pero de varias plantitas de muérdago que crecen muy juntas en la misma rama, puede decirse <i>con</i> <i>más exactitud</i> que luchan entre sí. Como el muérdago se disemina por los pájaros, su existencia <i>depende</i> de éstos, y puede decirse <i>metafóricamente</i> que lucha con otras plantas frutales, tentando a los pájaros a devorar y as&iabute; diseíinar% swó semill#c. En estks divercos sentidOw, q5e se relaciodan %ndrE s&iactte;, empleo`<m>por rqz&oacuõ;n de cn.venyenkia</i> la expesi&oacupe;n gefered de "h5chq por la exispenkia." (OU, 10r/°3, cUrsifa1 m&)acutg;as)¼/di2> </dir>  &l"sp;$jbsp; En Ese marco ecol&/acuôe»gico del aonjunuo de <iR%stricgiones<i~ u oâst&qac5te;culos al aUiento da la× po"laCQones quedan subsumidaò, iny%ctadaw, l`q roblaciones humanas dm Malthus(de forma seíejande ! como!quedaba subsumida Šla se\ecci&oaCute;, arpificial en la0selecci&occute;n"netural. Lo3 partida2ios äe la oaturalización `u las"c`en#Más sociales encontrirían aqu&imcute; una buena(dosis de agua qara su moléno, en contza de la t-sis te ,a prm9ecci$oacute:nantroPom&oacutg;rfica del ensay/ mathusiank sobsE la jaturaleza p/r p!ste de D`r_in. La su"sunci.oácute;n le ìa lucha par4igular a una %spe#ie ln la soc}e`ad$ pboce`ente de�Malthts, en unA luCja"genarahizada eî el #onjtn|o d% las e3peckeS en la naturaleza, fo co-porta solamente una diferancia då extensión, sino <b>[335] </b>también un c`mbio de perspectiva. Esto basta por sí sólo para dar una lectura apro`iada de lo ñue pasaría por otra metáfora darwiniana, a saber, el empleo repeTido de la expresión "ecïnomía de ma naturalezq" refiri&eacutg;ndose a SN<sub>1.</sub< |br>    El capítulo III de OE es el lucar en el cual la måtáfora de la "lugha" se convierte en la representación de la(s) (inter)dependencia(s) en el(marco de los sistemas ecológicos cuandï la analogía se!transforma de impropia en rropia, de metafórica en conceptual. <p:<b>3.2 SN<sub>2</sub>: la supervivencia de los más aptos (<i>curvival of the"fittest</i>)</b> <p>'nbsp;   El capítulo IV ofrece la segunda acEpción de "selección latuRel" con otra expresión "conveniente", tomada esta vez del filósofo Herbert Spencev. La expresióî no apareció{ en lq primepa edici&Oacõte;n de OE, y fue Usada inicialmente por Darwin en <i>Las variaciones de los animalms y las plantas bajo domesticación</i> (1868), y posteriormentu adoptada en la 5ª edición de OE (1869). En el`capítulo III de OE (6ª ed., trid. cit>, 101-02,0cursiv@s mías+ aclara Darwin, de pasada, cuando mfrece la acupci&Oacuue;n SN<sub>1</sub>, que <l)r> <dir>[h]e denominaäo a eqve principio< por el cual toda viri!ci&oacu|e;n ligera, qi es útil, se conserva, con en t&e!cutm;rmmno de "selección natural"< a fin de señalar su relación con la facultid de selección del hombre. Påro la expresión frecuentemente empleada por Mr. Herbert Spencer ee "la supervivencia de los más aptos" ew <i>más/ exacta </i>(<i>`ccurate</i>) y, a veces, <i>igualmente convelienta</i>.</dir> </di2> &jBs`;   Texto paralelo"a éste de Spencer: <dir> <dmr>La�rupervivencia de ìos m&aakute;s aptos, que aquí he intentado expresar en t&ea#ute;rminos mecánmbos, es lo uue Or. DarWin ha llamado "selección natural o conservación de las razas favorecidas en la lucha por(la vida& )<i>Prynciples of Biology, </i>Ch. XII: "Indirect Eqqilibration", §165)</dir> </dir>  ¦nbsp;  Si SN<sub>1</sub> se i`entifica con el conjunto da factores (causas) que explican$los equilibrios ecológicos por restricció3n del crecimiento de las poblaciones, SN<sub>2>/sub> es un principio genérico de conservaaifoacute;n diferencial respecto de$las variacionås disponiâles. <br>    En el comienzo de OE, IV, 115 Darvin se pregunta: "¿CómO actuará la lucha por la existencia [...] en lo que se refiere a la variación"? Esatecir, qu&eccute; resultados produce y cómo opera el mecanismo causal sobre las variaciones, a las que tampoco cabe asignarle limitaci&o!cute;n alguna en principio, pues a la al parecer ilimitada complejidad de las relaciones de SN<sub>1</sub> corresponde "una complejidad infinita en la estructura, constitución y costumbres" (OE, 156: Darwin dice literalmente "causan", puesto que SN<sub>1</sub> está concebida como un mecanismo causal) de los seres vivos, Así como en ausencia de SN<sub>1</sub> las poblaciones ocuparían todo el espacio, en este contexto, si nada lo impidiese,<sub> </sub>las variaciones crecerían sin límite. Pero éste sería también un supuesto contrafáctico que, sin embargo, Darwin no enuncia, sino que argumenta en términos de hechos y de razones. Es un hecho, por una parte, que hay variaciones útiles, como se ha mostrado en la selección artificial, y sería inconcebible que en un conjunto ilimitado de variaciones "no se hubieran presentado nunca variaciones útiles a la prosperidad de cada ser"(OE, 156). <dir> <dir>Pero si alguna vez ocurren <i>variaciones útiles</i> a cualquier ser orgánico, los individuos así caracterizados tendrán seguramente las <i>mejores probabilidades de conservarse en la lucha por la vida</i>, y por <i>el poderoso principio de la herencia</i>, éstos tenderán a producir descendencia con caracteres semejantes. <i>A este principio de conservación o supervivencia de los más aptos, lo he llamado selección natural</i>.(OE, 156, cursivas mías) <center> <p><b>[336]</b></center> </dir> </dir>     En tanto que <i>diferencial</i>, SN<sub>2</sub> es (como exigía el modelo explicativo para SN<sub>1</sub>) también un principio de destrucción, de <i>extinción</i>. La acción selectiva lo es en dos sentidos: en el de la supervivencia de los más aptos y en el de la extinción de los menos aptos. <dir> <dir>Debido a la elevada progresión geométrica de aumento de todos los seres orgánicos, cada área0est&aicute; ya <i>completamente provirta(dE haby|antes</i>, y!de esto se sigõe que así como das formas fcvorecilas generalienôe aumentan en número, las menos favorecidas genera,mente <i>disminuiRfaacute;n</i> y llegaran a <i>ser raras<-i<.`La 2areza, seg&uacqte;n nos enSe&nTilde+a la geodofía, es precursora de la <i>extinción</i>. (OE, 138, curskvas í&iacuôe;as).</diò> <?dir>     La e|presióf "supervivencia de loq más*aptos& tiene, frente a la de "lucha por la vida", el sentido De un òesultado (procesual o puntual), a siber, que lns lecaîislos causales!aludidos por "la!luãhe por ni vida" producen los diferentes estalos y prïcesos de agexistencia de la3 distiotas formas aludidos con "la superv)vencia de loS m&aacutå;s Šaptos". Aunque Darwin diq4ingue, incluso en lo t&iAcute;tulos de los capítulos iII y IV, SN<sub>1</sur> de SN<sub>²</sub>, est6aacute;n continuaMente %ntrelaz&accýte;ndose ambqs acepciones de "selecci&/acute;n natural". E,lo no ob3ta!Pa2a que saa posibld marcar una mayor asociaei&oagute;n entre Sn<sub>1�</sub>y mecaniqmos0#aqwales iote:activçs, as&iacwte com/ entre QN<sub>24/sub> y los estados y probesos rusultante{ de la acsi&oacuðe;n fm SN<s5b>1 </sub>sobre las varia#ionuc dadas0el kada m/åento. Ew posible, simpLificando al extbeo y sin ninguna preôensión matEmat zaDora, i|ustrar la relaci&/asute{n enôre S^<sqb>10< sub>y SN<sub>2 </sub<con redicioacuue;n a varieciones v<sub>1</sõb>,v<sub>2</wub>,&./v<sub>n</sub>,<sub> </sub>somo sig÷e: <ceover> <p¾¨1) SN<sub<2>/sub> = SN4sub>5</sub>(v<sub>1</sub.,w<sub>2</óub>,...,v<sub>n</cub~)</cmnxeR>  <p>, jabida cuenta da qqe se trat! d% uf qrkceso recurzenôe<`hq dE!á&ftild%adérse la condikión <br>  <br>&.bsp; ½b2> <br> <cgnter> <0>(2) [^<sub>1</qqb>]<sub>t+1¼/rtb> = SSN<sub>2|/s5b>]<sub>t</sub>,</#e.ter> <p>que da cooo�resultado�la forma iterativa J<cEntgr6 <p>h7) [CN<sub>1</sub>]<su`>t+1</sUb> = [[N<{ub>1</sub:}<sub>t</sub>(v<sub>1</sub>,v<sub>2</sub>,...v<sub>n</sub>).</center> <p><br> <br> <p>    Queda así manifiesta la unidad conceptual de la selección natural como la de una idea que abarca tanto los mecanismos causales (SN<sub>1</sub>) por los cuales se alteran los estados de los sistemas en interacción, cambios de estado cuyas secuencias constituyen los procesos en los cuales se produce la conservación (y, conexamente, la disipación) de los más (conexamente, de los menos) aptos. <p><b>4. La analogía entre variedad y especie: continuidad y gradualismo</b> <p>    Las expresiones "lucha por la existencia" y "supervivencia de los más aptos" no son, por tanto, simples metáforas secundarias de una metáfora primordial: "selección natural". Son los puentes que unen "selección natural", interpretada debidamente, con sus referentes en las explicaciones efectivas. Pero la teoría de la (evolución por) selección natural fue formulada con el propósito de suministrar un esquema general de la transformación (aparición y desaparición) de las especies. Para ello, sin embargo, fue necesario establecer una articulación entre los niveles del dominio objetivo de la teoría. Esa articulación cobra forma en términos de otra analogía. <br>    En el resumen del capítulo II de OE acerca de la variación en estado de naturaleza, Darwin establece claramente el tránsito entre variedades y especies, que permite unificar su origen con relación al mecanismo de la SN. <blockquote> <center><b>[337]</b></center> </blockquote> <dir> <dir>En conclusión, las variedades no pueden distinguirse de las especies, excepto: primero, por el descubrimiento de formas de enlace <i>intermedias,</i> y, segundo, por cierta cantidad <i>indefinida</i> de diferencia entre ellas [...] la cuantía de diferencia que se considera para dar a cualquiera de las dos formas [consideradas] la categoría de especie, <i>no se puede determinar</i> [...] las especies de los géneros grandes presentan una <i>analogía muy intensa</i> con las variedades. Y podemos <i>comprender</i> claramente estas <i>analogías</i>, si las especies <i>existieron en otro tiempo como variedades y se originaron de este modo</i>; mientras que estas <i>analogías</i> resultan <i>completamente inexplicables </i>si las especies son<i> creaciones independientes </i>(OE, 100, cursivas mías)<i>.</i></dir> </dir>     La analogía es perfectamente clara: <center> <p><b>variedades : especies :: SN(variedades) : SN(especies)</b></center> <p>y se basa en <i>un principio de continuidad</i> entre variedades y especies: "[...] las especies no son más que variedades muy acusadas y permanentes, y [...] cada especie existió primero como variedad[...]"(OE, 463). <br>    La diferencia entre variedades y especies es pragmática, relativa a la descripción, mientras que su semejanza es <i>semántica</i> (<i>ontológica</i>) en virtud del principio de continuidad (que no excluye la discontinuidad de la divergencia por acumulación de diferencias) y asimila la aparición de especies a la aparición de "variedades muy acusadas". El propio Darwin lo aclara más adelante afirmando que la selección natural gradual es una realización (y, por tanto, una confirmación empírica) del principio de continuidad. <dir> <dir>Como la <i>selección natural</i> obra únicamente por la <i>acumulación de variaciones leves, sucesivas</i> y favorables, <i>no puede producir modificaciones grandes o súbitas</i>: sólo obra por pasos cortos y lentos. De aquí que el precepto de <b><i>Natura non facit saltum</i></b>, que cada nuevo conocimiento que adquirimos tiende a <i>confirmar</i>, sea <i>inteligible</i> de acuerdo con esta teoría (OE, 464. Salvo la cursiva en negrita, todas son mías. Es curiosa la identificación de Darwin entre confirmación e intelección, característica de una cierta "teoría empirista del significado").</dir> </dir>     Aquí los particulares dados (no en sí mismos, sino en una tradición científica que había sido en su mayor parte fijista, creacionista o no) son las cuestionadas "especies", que resultan absorbidas por las variedades como "variedades muy acusadas". Esta es la base del gradualismo. <p><b>5. El nivel de resolución de la teoría de la (evolución por) selección natural</b> <p>El par conjugado <i>variedades/especies</i> constituye lo que en repetidas ocasiones he llamado el <i>nivel de resolución</i> (Cf. Álvarez (1988, 48 y ss.)) de una teoría. La Química clásica alcanzó su consolidación en el siglo XIX no por postular la existencia de "átomos", sino al desarrollar la distinción, aún confusa, de Avogadro entre los átomos como unidades que entran en las combinaciones y las moléculas como unidades de composición de los gases (Mieli 1947). Ese desarrollo constituyó el establecimiento del par conjugado <i>átomos/moléculas</i> como nivel de resolución de la Química clásica. El nivel de resolución no se identifica, por tanto, con una simple escala de entidades del dominio de una teoría, sino que contiene siempre más de una: al menos dos escalas o niveles contiguos entre los cuales discurren las explicaciones. Lo característico de los niveles de resolución es que, aun siendo el par conjugado en que consiste una<i> conexión material</i> de escalas reales, involucran esencialmente el <b>[338]</b> papel fundamental de las operaciones científicas. El concepto de nivel de resolución es un concepto filosófico ontológicamente fundado, pero no dado de antemano, sino metodológicamente establecido, que se alcanza en el desarrollo histórico de la ciencia. <br>    El par conjugado <i>variedades/especies</i> juega ese papel en la teoría darwiniana. En la sección anterior se ha considerado su relación con el gradualismo. Aquí puede servir, precisamente, para esclarecer la cuestón de la <i>propiedad</i> o impropiedad de las construcciones analógicas de Darwin. La antigua teoría de las analogías distinguía entre las analogías propias o conceptuales y las impropias o metafóricas. Es necesario determinar la propiedad (o impropiedad) de esta analogía darwiniana sin incurrir en circularidades triviales. El concepto de nivel de resolución, entendido como un par conjugado de niveles objetivos, donde las entidades del primero son componentes o partes del segundo, ofrece una primera aproximación. Bueno (1970) propuso un criterio para distinguir las analogías propias de las impropias descomponiendo las analogías en relaciones de semejanza y contigüidad, y analizando su forma de conexión. <dir> <dir>Si existe algún criterio interno capaz de discriminar las proporciones conceptuales y las proporciones metafóricas, ha de fundarse en la posibilidades de distinguir tipos de conexión material entre las relaciones verticales (aquí la contigüidad) y las horizontales (aquí la semejanza), en tanto que estas conexiones sean "operatorias". El criterio que propongo aquí abreviadamente es el siguiente: que las relaciones verticales [de contigüidad] intervengan o no intervengan en la <i>materia</i> de las relaciones horizontales [de semejanza] (Bueno (1970, 20)).</dir> </dir>     El nivel de rmsolución!<i>variedadgs/especies<-i> es%una relaci&macute;n en la cual l!w g.tidadec del primer t&eácute;rmino son componentes materiales de los términos del"seguodo8 las especies, qean lo que�sean, se componen de varieDades, e incluso se identifican co. ellas (son "variedaDes muy acusatas") y el origen de las especies es =b>(como)</b> el oòige~ de las variedades: el origen de las tariedades "explica2 el origen de las espekhes. Darwin inyecta las especiEs(en nas variedales como casos particulares. La contigüidad de lns coMponentes del nivel de resolucioacute;n asegura al carácter conceptual äe la qemejanza. Se evita aw&iccutm; el�problema fe La impropie$ad metaf&oacutå;rica, que se mantiene, sin embargo, en todas aquelhas analogías en q5e <i>natura facit saltum</i>, es decir, en las qqe las semejanza$se establece entre niveles no"cootiguos: la metáfora es un salto que`viola el Principio d% continuidqd. En ecte sdnti`o, no hay "salto" m&eacutd;s metafórico que la creación independiente de las especies. <br>    El paso siguiente conduce hacia categorías superiores. Los textos de Darwin contienen explícitamente la analogía <b>variedad : especie :: especie : género</b><font size=-2>.</font> La extrapolación hacia categorías más amplias, asentada sobre la descendencia —una conexión material que prolonga más allá el principio de continuidad utilizado sólo localmente en el establecimiento del nivel de resolución <i>variedades/especies</i>— confiere a la evolución su unidad global en un encabalgamiento de categorías que unifica el mundo de la vida. En esta capacidad de unificación ven sus seguidores más observantes sus virtudes explicativas, pero no es indiscutible que unificación teórica y explicación sean equivalentes, aunque la posición tenga valedores de prestigio (p.e. Kitcher (1989)) Es posible que en este punto se plantee el problema más`interesante, cuya solución pue`g tevminar por no satisfacer a nadie (incluido el propéo Darwin): el de est`blecer qué clase de concepvo es el de selección natural y qué clase de unificisión kfrece. A modo de tránsito hacia una justificación más detallada, haré aquí unas breves indicaciones. <center> <p><b>[339]</b></center> <p><b>6. Una idea ¿filosófica? naturalista</b> <p>    La historia posôerior a Darwin es, generalmente, bien conocida. El desarrodlo de la Genética hasta el descqbrimiento de los mecanhsmos de la herencia biológici ha ido siendo acopládo al marco teórico darwiniano. Pgro también ha ido haciendo surgir cuestio.es de unificacióî teórica que, no obstante la sensatez del planteamiento iniciall ponen en tela de juicio la vigenciq del principio de coNtinuidad más allá de la escala del nivel de resolución darwiniano, al par que la suficiencia de la selección natural como único principio explicativo es cuestión debatida (Cf. Dennett, (1999), Gould (1997a, 1997b)). Las discusiones sobre la oposición entre micro- y macroevolución, entre gradualismo y equilibrio puntuado respecto de la especiación (Cf. Prothero, 1992), así como los problemas pendientes de solución en torno a las relaciones entre la genética mendeliana y la genética molecular (Cf. Duchesneau, 1997, cap. 3) vuelven a plantear, una vez más, la<i> propiedad</i> de las analogías y el mismísimo proyecto de unificación darwinianos. <br>    Los adversarios más incondicionales del darwinismo, los creacionistas, no han dejado de insistir en que la teoría de la selección natural es simplemente una teoría —¡como si eso fuera poco!— y, en todo caso, una teoría <i>filos&oacu|e;fica</i>, Pero dn absoluto ciEntífica. @uede que al hacerlo apunten, contra su propósito descahificador, hacia una vía que puede evitar la oposición insalvable entre una selección natural meramente metafó{rica y otra con pretensiones de co~cepto empírico contrAstable. Que n/ es mera metáfora —analogía impropia— xarece razonable por lo que antecede. El problema de su adecuación empírica puede es4ar, sin embargo, esencialmente desenfocado. No existe aqu&iacuta9 esp`cio (ni tiempm) para abordar con solvencia esta cuestión. Permítaseme, no obstante, apuotar las basec y posTponer el desarrollO de lo que, a mi juicio (aún provisional), constituye un planteamiento razonable. <br>    La teorýa (de la evolución por) selección oatural ofreci&oecute;, como <i>teoría tel origen (aparición y extinción) de las especies</i>, un marco de unificación para los conocimientos biológicos de su época frente al marco fijista (creacionista o no), y, como <i>teoría acerca de los mecanismos que gobiernan su aparición</i> (y desaparición), restringió de forma prospectiva el ámbito de las leyes o principios que pudieran articular e integrarse en las explicaciones biológicas. Ahora bien, eso no quiere decir necesariamente que la propia idea de selección natural sea, por sí misma, una de esas leyes o principios. <br>    El debate, vivo en la actualidad, entre monistas y pluralistas respecto de la selección natural —representado sobre todo por Dennett (1999) y Gould (1997a, 1997b)— es un indicador del problema del estatuto de dicho "principio", aunque no parece encontrar la perspectiva adecuada de su solución. Frente a los monistas, los pluralistas sostienen que la selección natural es "un principio supremo (verdaderamente un<i> primus inter pares</i>), pero argumentan a continuación que un conjunto adicional de leyes, tanto como un extenso papel de las impredecibles contingencias históricas, han de ser invocados también para explicar las formas (<i>patterns</i>) y regularidades básicas de las trayectorias de la vida" (Gould (1997b, 1, versión Web)). Pero la noción de <i>primus inter pares </i>es confusa, pues pone "dentro de" y "entre" los miembros de un conjunto" lo que está "entre" ese conjunto y otro. Más coherente parece distinguir la selección natural como el <i>metaprincipio </i>que establece los límites de los conjuntos de referencia de las teorías y que formula un metamodelo o generador de modelos explicativos (Cf., <b>3.1</b>). Sólo a través de las realizaciones concretas (interpretaciones) de SN (las diferentes modalidades de la selección que llevan apellidos diferentes de "natural") pueden ofrecerse explicaciones. El metaprincipiï de SN es la in<ersección en que se sonapan el plante`miento científico y el filosófico, gn una formc que ya en la Antig&uumL;edaä"entrevió Pìatón (<i>Repúbliba</i>, 532 e y ss.; &Áacupe;lvarEz (1977)) al distinguir dntre <font"gace9"Symbol">dia</font>´<font face="Symbol">noia </font>y <font face="Symbol">dialektmkh</fo~t>"`gute;, a saber, <b>[340]</b> sue la primera avánza dåsde ciertos supuestos((<font face="Symbol">upoqe</fnt>´<font face=¢Syobol">seiV) </fo~t>hacie sus consecugncias, mientras$que la segunda constituya, el sentido ijverso, mn un regreso brítiCo desäe esos mismos supuespos en busca äe un <gont face="Symbol">cnupoqeto|/font>´<font face}"Symbol">n<font>. Los supuests Son cieftíniãos (diano&eacõte;ticms)0en el progreso y filos&oacqte;ficos (dialécvicoó)�en el regreso. En esTe caso |a SN es tanto El$pun4g de partila Para eesarPollos"gidnt&iacõtå9ficos —%n tiempos de Darwin aún por venir y no siempre conformes a la interpretación meramente positiv(ist)a de la SN— como de la reflexión filosófica, a que se dedican en su trinca particular Dennett y Gould. Por supuesto, este debate no puede dilucidarse al margen de consideraciones empíricas procedentes de las ciencias biológicas; lo contrario sería pura especulación gratuita, es decir, la peor (pseudo)filosofía. <br>    De otra forma no podría entenderse bien que este "Newton de la brizna de hierba" (Cf. Kant (1790), § 75, 400) introdujera el metaprincipio de la SN como alternativa al teleológico de aquellos (entre otros el acuñador de la frase), que consideraban necesario presuponer algún tipo de intención (<i>Absicht</i>) en los procesos orgánicos. La descalificación del planteamiento darwiniano por su carácter <i>filosófico</i> no es sólo un desliz de los creacionistas, sino también consecuencia de la prevención de muchos evolucionistas a aceptar la menor contaminación filosófica en sus principios. La incomodidad de estos últimos, incapaces de responder "filosófico, ¡y qué!, pero también científico", tiene su origen en la idea de un corte a cuchillo entre ciencia y filosofía. Ahora bien, si esa dicotomía sólo es aceptable en parte; por decirlo así, en la <i>diferencia simétrica</i> de ciencia y filosofía, cuya intersección no es vacía —los ejemplos de indiferencia en las teorías normativas de las ciencias sociales son bien patentes (Cf. Álvarez (1998))—, ¿dónde reside la dificultad insalvable para responder sin rubor a las pretendidas descalificaciones de quienes consideran que su "iluminación" religiosa es parangonable a la filosofía en la teoría y en la práctica educativas? Creo que tal dificultad no existe, siempre que la filosofía de la ciencia (de los filósofos y de los biólogos evolucionistas, tanto da) ordene por adelantado los enseres de su propio refugio. <br>    Debidamente "manipulado", en la mejor tradición exegética, un texto ya citado Darwin (OE, 100) serviría para ilustrar <i>analógicamente</i>, desde dentro, lo que aquí sostengo. Así como la idea de evolución por SN sirve para <i>entender</i> (<i>understand</i>) las analogías de que trata este trabajo, analogías que resultan completamente <i>inexplicables</i> (<i>inexplicable</i>) sin ella, así también la SN unifica y hace comprensible desde una perspectiva causal el mundo de la vida, pero las explicaciones ha de proporcionarlas la investigación científica guiada por el metaprincipio, eso sí, con el riesgo del efecto de rebote de que en algunos casos se produzcan incompatibilidades que obliguen a revisar el propio metaprincipio, no sólo científicamente (la revisión ya estaría dada en los resultados incompatibles), sino también filosóficamente. Pero que esto pueda ocurrir, y que de hecho ocurra, es algo consustancial a la tradición cultural —científica y filosófica— en que brotó la propia teoría darwiniana. <p><b>5. 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